


En los últimos años de la década de los 50 los países centroamericanos comenzaron a convencerse de que la integración regional era una condición necesaria para que sus incipientes procesos de industrialización y diversificación agrícola pudieran conducir al logro de un desarrollo equilibrado y sostenido.
Sobre la base de los lineamientos trazados por la Comisión Económica para la América Latina (CEPAL), el 13 de diciembre de 1960 los gobiernos de El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua suscribieron el Tratado General de Integración Económica Centroamericana, al cual se adhirió Costa Rica en julio de 1962.
El Tratado estableció el Mercado Común Centroamericano como mecanismo para impulsar la integración regional mediante la creación de un mercado único, libre y desregulado, que otorgaba libre comercio para los productos originarios de los estados signatarios.
El establecimiento del MERCOMUN generó dinámicas para la creación de industrias de integración, término que los economistas acuñaron para referirse a empresas intensivas en capital y concebidas para aprovechar economías de escala en un modelo de sustitución de importaciones.
El objetivo era contribuir a que las naciones centroamericanas se encaminaran hacia el desarrollo económico y social mediante la generación de empleo, la diversificación de la producción, la evolución favorable de la balanza de pagos y el fortalecimiento de la posición competitiva de la industria regional.
Identificados con la visión de una Centroamérica unida, un grupo de inversionistas regionales, liderado por el prominente industrial salvadoreño Francisco de Sola y el empresario panameño Roberto Motta, conscientes de la necesidad de modernizar el sector agrícola e intensificar la productividad de nuestros suelos, se propusieron la instalación de un complejo industrial y comercial dedicado a la producción y venta de insumos agrícolas en el área centroamericana.
La idea germinó en tierra fértil y despertó el interés de inversionistas internacionales, entre los que figuraban la Standard Oil Company, de New Jersey, Estados Unidos; la Internacional Development and Investment Company Ltd., empresa de gran prestigio en área de organización y finanzas, con sede en Nassau, Bahamas; y Thyssen Phoenix Rheinrhor, de Alemania, considerada la gigante de acero en Europa.
los inversionistas fundadores vislumbraron las oportunidades que se presentaban ante los esfuerzos dirigidos por la FAO para incrementar la productividad agricola mundial. Concretaron el proyecto en 1961 con la constitución de las sociedades FERTICA S.A., en la ciudad de Panamá, el 24 de marzo; Fertilizantes de Centroamérica Ltda., en San José, el 17 de abril; y Fertilizantes de Centroamérica, S.A., en San Salvador, el 30 de septiembre.
Una sola marca, una sola empresa
El 24 de junio de 1964, ante los oficios del Dr. Margarito González Guerrero, se firmó la Escritura Pública de traspaso y Venta del nombre comercial y marca de fábrica FERTICA, otorgada por la Compañía de Inversiones, S.A. a favor de Fertilizantes de Centro América (El Salvador), S.A. con lo cual la sociedad salvadoreña se convirtió en la única propietaria legítima de nuestro nombre comercial y marca de fábrica.
El 7 de agosto de 1964 quedó registrada la marca de fábrica FERTICA en la Oficina de Patentes, Marcas de Fábrica y Propiedad Literaria bajo el número 2831 del libro 6 de Traspaso de Marcas.
Semillas en tierra fecunda
Los análisis de mercado y de localización recomendaron instalar dos plantas de producción, ubicadas en los puertos de Acajutla, El Salvador y Puntarenas, Costa Rica. Las terminales portuarias habian sido recientemente modernizadas por las autoridades de sus respectivos países.
La ubicación en los puertos fue determinada por la disponibilidad de descarga de materias primas directamente desde los vapores hacia las plantas y por criterios estratégicos relacionados con la distribución eficiente del producto a los mercados meta. En ambas plantas los procesos de producción fueron adaptados a las caracteristicas nutricionales específicas de los suelos de cada región.
La actividad productiva de FERTICA dio inicio en la Planta de Puntarenas, la cual comenzó a operar en 1963 fabricando fertilizantes químicos a base de Amoníaco y Nitrato de Amonio. El complejo fue diseñado para abastecer el mercado de Costa Rica, Nicaragua y Panamá.
La planta de Acajutla fue inaugurada el 11 de abril de 1964 para producir fertilizantes complejos a base de Nitrogeno, Fósforo, Potasio y Azufre (NPKS). La ubicación del complejo industrial permitió el abastecimiento directo del mercado salvadoreño y la reducción de los costos de exportación a Guatemala y Honduras.
Las plantas promovieron el desarrollo de los puertos y sus áreas de influencia a través de la generación de empleo directo y la subcontratación de empresas de transporte, mantenimiento y obras civiles, entre otros servicios.
Los primeros pasos
FERTICA vivió años muy difíciles en su etapa inicial, en la que tuvo que enfrentar una fuerte competencia sin protección arancelaria adecuada y emprender una intensa campaña regional de capacitación para demostrar la efectividad de sus productos a un mercado objetivo constituido por agricultores que no tenian el hábito de utilizar fertilizantes químicos y desconfiaban de un producto fabricado en Centroamérica. Sin embargo, el compromiso del personal y la confianza de sus inversionistas hicieron posible que la empresa lograra superar exitosamente los importantes retos financieros y tecnológicos de los primeros años de su historia.
En 1964 la Esso Chemical Company pasó a controlar el 95% de las acciones. Durante ese período las plantas desarrollaron su capacidad de producción, se incorporó tecnología de punta y se formó una eficiente red de distribución regional integrada por filiales comercializadoras en todos los países, controladas por FERTICA Panamá como empresa holding. Durante la celebración del décimo aniversario de la compañía, don Francisco De Sola afirmó que Centroamérica había consumido en la década de los 50 aproximadamente 1,088,256 TM de fertilizantes, en su mayoría nitrogenados.
En la década siguiente, con FERTICA en plena operación, el consumo de fertilizante aumentó a 3,809,887 TM, con un incremento marcado en el uso de formulaciones lo cual indica mayor sofisticación en la aplicación científica de los fertilzantes.



